Un día despiertas, te miras al espejo y no reconoces lo que ves. No sabes como ni donde perdiste el camino, pero si sabes que no es aquí a donde pretendías llegar. Porque hace mucho, mucho tiempo que lo olvidaste, que lo dejaste atrás. Un día decidiste acabar con tu niño interior, el que soñaba, el que reía, el que tenía esperanzas...y ahora entiendes que o vuelas con él o te arrastras por el suelo, entiendes que no hay término medio. Y el caso es que lo hiciste, sin saber muy bien porqué pero lo hiciste. Y yo te diré algo: no fue culpa tuya, simplemente creías hacer lo correcto. Seguiste las indicaciones de tu entorno, entraste en una rutina de "normalidad" y luchaste por unos valores que, ahora lo sabes, te vacían y convierten tu alma en una hoja seca. Pero tengo una buena noticia, y es que no conseguiste acabar con él. El niño quedó dentro de ti, observador y expectante, siempre esperando un reencuentro contigo mismo. Empieza por decirle hola, y sigue con relegar al olvido a ese extraño en quien te has convertido. No merece la pena cargar con los trastos que ya no te sirven; el pasado ha pasado y ya no volverá...el pasado no es más que un cadáver, y ya huele. Marca tu kilómetro cero hoy, y dedícate a vivir la vida a la que te empuja tu niño interior. No sé si será fácil pero si sé que es lo que debes hacer porque estás aquí para ello, ni más ni menos. Adelante, y buen viaje...

No hay comentarios:
Publicar un comentario